junio 25, 2010

Encuentro de lectura en Contumazá

Niños y niñas, jóvenes y mayorcitos, comuneros y profesores procedentes de la Hoyada Verde, de Chusuc, Tantarica, Toledo, Aliso y Shamón se congregaron para el gran Círculo Lector de este año.

Organizado por Ramiro Iglesias, Coordinador de nuestras Bibliotecas Rurales en Contumazá, y con el apoyo de la profesora Doris Pretel de la escuelita mixta en la zona, se reunieron casi cien personas para celebrar la lectura comunitaria y abordando temas como Nuestra Cultura Andina y la Contaminación Ambiental.

Los comuneros participantes solicitaron también información sobre el estado y la marcha de toda la Red en el Departamento de Cajamarca.

En círculo grande y en pequeños grupos, repartidos en el campo, repasamos el librito “La dignidad de los pueblos también se escribe leyendo”.

¡Qué bueno es lo bueno y mejor si es juntos!








Andrés León no cesa de caminar

Fue nuestro compañero Andrés León quien comenzó a formar las bibliotecas rurales en la zona de Contumazá desde 1981. Así se extendieron las comunidades hasta los límites con el Departamento de La Libertad. Y todo a pie o montado en su burrito.
Andrés se quedó en la Red aún cuando ya no había un centavo ni para comprar un solo libro. No se ausentó en los tiempos de persecución y agobio. Y sigue caminando, pese a que las dificultades de la edad y la salud van dejando caer su peso.
En este diccionario no existe la palabra desaliento.

El ánimo de Martha Esther

Martha Esther Iglesias León tiene diecinueve años y es bibliotecaria rural en la Hoyada Verde, Contumazá, desde febrero de este año.
Ya era lectora de su biblioteca desde hace mucho, pero la comunidad le pidió asumir esa responsabilidad porque saben de su ánimo y de su empeño.
“Mucho le gustan los cuentos a la gente. Aunque hay menos niños en las escuelas, todo el tiempo estamos leyendo en la comunidad”, nos cuenta.
Martha lee para ella misma y lee para los que ya casi no leen (para los “Lectores oyentes”, como suele llamárseles en las comunidades).
¿Cómo no avivar la certeza que aún es posible crecer y avanzar en el camino?

¡Qué viva la Hoyada Verde!

A la Hoyada Verde, en Contumazá, nos había convocado nuestro compañero Coordinador, Ramiro Iglesias.
Aunque Ramiro ya tiene quince años como Bibliotecario, hace menos de dos asumió la coordinación de la zona, dadas las dificultades en la salud de Andrés León, veterano Coordinador desde el inicio de la Red en ese sector.
Por segundo año consecutivo, Ramiro ha organizado un gran Círculo de Lectura que esta vez concentró a niños, jóvenes y adultos de seis comunidades, algunas bastante alejadas y sólo con posibilidades de asistir a pie.
El ánimo de Ramiro es enorme. Pero no está solo: está Isabel –su esposa– y todos sus hijos, que le apoyan de principio a fin, como uno solo en todo.
Así han tenido que ver desde la organización, las convocatorias, la comidita y el programa para todo un día de trabajo.
Y todo por la gana de leer juntos, para animarnos como comunidad, para unirnos sin resquicios comprendiendo que la lectura es un cedazo en el que pueden cernirse las oscuranas para hacer aflorar las madrugadas.

junio 24, 2010

Camino a Contumazá

Contumazá es una de las trece provincias de Cajamarca.
En su territorio floreció la Gran Comunidad de Cuismanco, de la que queda su santuario capital –una suerte de ciudad de piedra erigida en las faldas de la montaña sagrada de Tantarica– en Catán.
Hace casi treinta años que comenzamos a caminar con nuestras bibliotecas rurales en estas comunidades.
De madrugada tuvimos que salir, porque el camino es largo y –como están arreglando la carretera– sólo se puede pasar por horas determinadas.
Aquí les compartimos dos imágenes del amanecer, que nos dio ya casi llegando a las cimas de la Hoyada Verde.

Apoyo a evento en Chota

Anduvimos por la provincia de Chota, a donde nos invitaron para apoyar con una técnica participativa en la Jornada de Sensibilización y conformación de la Comisión Multisectorial Permanente para la Igualdad de Oportunidades de las Personas con Discapacidad y en riesgo de adquirirla.
Diversas organizaciones de salud y educación aunaron esfuerzos para realizar este evento que concentró a casi cien participantes de la Provincia de Chota.
Saludamos el empeño de quienes apuestan por un quehacer solidario más allá de los horarios, las obligaciones de función y las limitaciones oficiosas. Y estamos reconocidos por todo el apoyo de Ofelia Vargas y los esfuerzos desplegados por Rosa Elcira Cardozo y Crisosto Vásquez.
Este viaje nos permitió también encontrar la extraordinaria Estela de Chetilla, que aún se conserva íntegra aunque sin la atención que merece su presencia.

junio 14, 2010

¿Ya vieron los nuevos afiches? (III)

¡Arriba el sector Poroporo!

La casa de Don Fide, como cariñosamente le dicen sus vecinos a nuestro Coordinador Fidencio Paredes, está ubicada en la comunidad de Poro Poro, en San Marcos, y es uno de los lugares que visitamos hace algunos días llevando algunos libros para abastecer las bibliotecas de ese sector. La casa de Don Fide es también una biblioteca.
Durante esa visita pudimos conversar y contagiarnos del espíritu laborioso y constante de don Teófilo Vargas Urbina, bibliotecario rural de Llanupacha, con nuestro compañero Almanzor Vásquez Castañeda, de Poro Poro, sector B, y con don Pablo Sánchez Honorio, bibliotecario de Llollón Bajo, a quien agradecemos por su cálida acogida; el almuercito caliente de doña Georgina Abanto Paredes y la sabrosa miel de abejas que ahora cosecha. Además, visitamos también las bibliotecas de Poro Porito y Llollón Alto.
Cuando uno camina pensando en encontrarse con personas tan sencillas y trabajadoras, que siempre están pidiendo más libritos para leer y compartir, con personas que siempre están dispuestas a seguir en este camino, no hay cansancio posible, no se cuentan las horas que pasan ni se mide qué tan fuerte puedan caer los rayos del sol porque con estos comuneros siempre se encuentra alivio para la fatiga y el intenso calor de las cuestas.
Muchas gracias compañeros y compañeras del sector Poroporo.

junio 08, 2010

Minga en la Central

Hace muchos años, doña Adela Chávez Cépeda, comunera muy mayorcita del caserío Andamachay, nos explicaba lo que era una minga:

En las familias campesinas siempre hemos hecho muy buenos trabajos; una casa se construye en un solo día. Nos juntamos todos los familiares y vecinos y en minga o minka hacemos todo.

Para los trabajos en la chacra lo mismo: el dueño alista su barril o payanca de chicha y se hace en un solo día.

Así siempre ha sido obligación de todos, por turno; nadie trabajaba por dinero, sólo se utilizaba el dinero para algunas ropas o algunos útiles de la casa, pero en poca cantidad. ¡Y se gozaba la mejor alegría! Porque todos tenían ayudándose unos a los otros.

De esta manera nadie nunca sufría por alguna necesidad, ni salían los jóvenes a otros sitios a buscar trabajo, porque los mismos padres y la comunidad apoyaba a dar trabajo y bienestar para todos. No había ninguna persona sin trabajo. Habían otras alegrías para todos: nuestros bailes, nuestras fiestas.

Para todos el trabajo comunal eran las mingas. ¡Y pobre de aquél que no sabía rezar o saludar a sus mayores!

Sin saber leer ni escribir sabíamos muchísimo trabajos lindos de diferentes maneras. Y sin depender de nadie: hasta nuestra propia ropa la hacíamos a pulso, con agujas de maderitas o de espinas de penca.

En cada trabajo logrado hacíamos nuestras fiestas de alegría. Todos vivíamos contentos.

Ahora todo está medio cambiando mucho. Parece que hay un montón de errores desde que entró la colonia a dominar nuestra patria peruana”.

Esa tradición antigua ha marcado siempre el camino de nuestra Red.

En minga fue que construimos nuestra casa, entre todos, que es también nuestra Oficina Central. Y en minga la seguimos manteniendo.

Muchas gracias a todos los comuneros de Cajamarca que el pasado domingo participamos en la minga para limpiar y dejar bonito nuestro local. Faltó chichita, pero la pasamos lindo.

¿Ya vieron los nuevos afiches? (II)

Masintranca: Para seguir andando…

Hace muchos años, Sergio Díaz Estela integra la Asociación Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca. Incluso ha sido nuestro Coordinador General por unos años.
Inició su labor como bibliotecario con una Biblioteca Rural que funciona, hasta ahora, en su propia casa. Ahí logró reunir muchos libros de la Red, pero está ampliando el servicio bibliotecario constantemente con libros de su propia pertenencia. Ofrece estas fuentes de información y cultura a toda su comunidad, aunque por su valor, no todos los libros se prestan a domicilio. La mayoría de los lectores son escolares que vienen a consultar diccionarios y libros temáticos cuando tienen alguna tarea específica o prestan obras para leer.
Nos cuenta Don Sergio que “Los mayores más prestan los libros de cuentos o las colecciones de la Enciclopedia Campesina porque les gusta leer lo nuestro. Las autoridades también llevan libros de leyes;, las señoras mucho buscan folletos o revistas de tejidos y manualidades.”
A veces, en su biblioteca se prestan 4 ó 5 libros diarios, a veces, ninguno. Eso depende del tiempo, de los trabajos escolares, de los quehaceres en la chacra. Pero eso sí: todos leen.
Sergio no sólo tiene una biblioteca a su cargo: también es coordinador de un sector de la Red.
Con los libros canjeados en la Oficina Central de Cajamarca en su mochila visita –cuesta arriba– a cada una de las bibliotecas a su cargo, conversa con los bibliotecarios, escucha avances y dificultades, pregunta por familiares, animales, chacras, lluvias y cosechas. Recoge los registros de lectores, lleva invitaciones para cursos de capacitación en Cajamarca, coordina actividades locales de las bibliotecas de su sector como reuniones o círculos de lectura y –sobre todo– trae libros nuevos y lleva los que ya se han leído para ofrecerlos en otras bibliotecas. Es así como funciona la Red.
Y como él, muchos otros. Desde Cajamarca saludamos a todos nuestros bibliotecarios y coordinadores, desde Pión hasta Araqueda, desde Cospán hasta Cortegana, agradeciéndoles muy de veras por su extraordinaria labor voluntaria.

Del camino y la sonrisa

Cada año, a partir de abril o mayo –cuando termina la temporada de lluvias en Cajamarca–, empiezan las jornadas de trabajo en el campo del Programa Comunitario.
Muchos niños “discapacitados” y sus familiares nos esperan en sus caseríos o sus casas. Actualmente son más de 110 Juanitos –como les llamamos con mucho cariño que ya saben que vamos a llegar.
Los niños esperan una caricia, una palabra alentadora, unos momentos para jugar juntos, unas horas compartidas. Los padres esperan un consejo para mejorar el acompañamiento de sus hijos, capacitaciones, ideas e inspiraciones nuevas para la rehabilitación de los muchachos que requieren de atención y cariño especial.
Desde la Oficina Central preparamos con mucho empeño estas visitas. Llevamos materiales de terapia, juegos y juguetes, ensayamos talleres de capacitación y revisamos los nuevos avances en medicina tradicional y natural. Mucho amor, algunos medicamentos homeopáticos y bastante ánimo completan nuestro equipaje.
Los caminos no siempre son fáciles. A veces nos tocan inconcebibles baches, a veces lluvias y barro. Nos esperan largas reuniones, intensas consultas y muchas horas viajando o manejando.
Pero nos esperan también sonrisas, abrazos, las comidas compartidas alrededor del fogón y, sobre todo, corazones abiertos.
Cada vez regresamos cansados, pero contentos por haber podido contribuir con algún gesto para que un Juanito sea más feliz, más comunero.
En este mes de abril, con nuestros coordinadores Silvia Pajares y Francisco Vargas visitamos los Juanitos de San Marcos y Chancay. Nos acompañó también la voluntaria española Elia Sevilla.
En mayo tuvimos importantes encuentros con los grupos de niños y Padres de Familia de nuestro Programa Comunitario de Masintranca, Numbral, Huayrasitana, Chalamarca y Santa Clara en Chota. Juntos –y a través de dinámicas enfatizamos el tema “Los derechos del niño” en varias reuniones. Estos grupos son acompañados por los coordinadores Donaida Guevara, Elvia Sánchez y Sergio Díaz.
Luego seguimos viaje a Sócota y San Luis de Lucma, en Cutervo, donde nuestros coordinadores Liliana Díaz, Igor Irigoín y Abel Vásquez también demuestran que la solidaridad y el afecto pueden cambiar el rostro del mundo.